Apodo endógeno.
Sin duda que una de las características de los venezolanos es el uso de los sobrenombres o apodos. Desde la infancia, empezando por los propios padres y abuelos, comienza el re-bautizo de las personas con, en algunos casos, apodos que los acompañaran durante toda la vida. Por supuesto, que hay apodos de todo tipo, desde los más light o inocentes hasta los más rebuscados y cínicos. No obstante, normalmente, en algo retratan a la persona.
Por ejemplo, de seguro, todos tenemos entre nuestras amistades algún “Gordo” o “Flaco”, o quizás algún “Chino”. Cuando estábamos en la escuela o liceo siempre había algún “Enano” o alguna “Catira”. Por supuesto que “Negro” y “Negra” son los apodos más utilizados en el país.
En el ámbito deportivo los ejemplos abundan. Con toda certeza sólo algunos venezolanos que viven en otra galaxia, no conocen la existencia del “Gato” Galarraga o el “Comedulce” Abreu. Es en el boxeo, donde podemos encontrar algunos de los apodos más pintorescos “Lumumba” Estaba, el “Pollo de la Palmita” y el “Novillo” Paiva son sólo algunos de ellos.
Por supuesto, es en la adolescencia cuando los más jodedores colocaban los apodos más inusuales o crueles, tales como “Bochinche ‘e Carne”, “Cabeza ‘e Grillo”, “Punto y Coma”, “Pata 'e Croche”, “Nariz ‘e Gandola”, “Bemba ‘e Poceta”, y un sin fin de caracterizaciones similares.
Por otra parte, en las páginas rojas podemos observar que en los bajos fondos los sobrenombre o alias abundan y los arriba mencionados serían muy zanahoria para este medio. Allí se utilizan cosas tales como “Cara ‘e Rata”, “Cuchillo Loco”, “Mata Baby” y el “Rey del Chirri”.
También tenemos los apodos que colocan los jala bolas, estos buscan poner en una dimensión superior al, por así decirlo, “jalabolado”, muestra de ellos serían “Tigre”, “Rey”, “Perfecto” y otros similares.
Ahora bien, uno no es protagonista, ni mucho menos partícipe, de este proceso, no obstante es conocido que a la cuerda de disociados que lo dirigen, les ha dado por eso del endogenismo, el autoctonismo y el nacionalismo, entre otras cosas, para justificar sus desmanes. Es así como han rebautizados muchas calles, parques y avenidas con nombres criollos o indígenas para demostrarnos cuan endógena es su revolución, así, por ejemplo, ahora tenemos un Parque “Che Guevara”, una Avenida “Ilich Ramírez Sánchez” y un estadio nacional “Fidel Castro”.
Todos conocemos que el orígen de esta farsa se gestó desde hace años en los cuarteles del país. Es cierto que uno no conoce el medio militar, pero dado todo lo expuesto anteriormente, pudiéramos imaginarnos la clase de apodos que ahorita deberían darse. No es por nada, pero eso de los apodos casi siempre es cosa de hombres y estando este estamento conformado mayoritariamente por hombres, y por la naturaleza de los conceptos que manejan (cañones, muerte, fusiles, destrucción, enemigo, invasión, etc.), sería bastante improbable encontrar con que alguien de ese medio sea conocido como “Osito”, “Campanita” o “Tucusito”. Es cuestión de lógica, esto no tiene nada de peyorativo. Uno supone que esos carajos se colocan entre ellos apodos tales como: “Bazoka Loca”, “Terminator”, “Proyecto ‘e Rambo”, “Cabeza ‘e Pistola” y otros similares, los cuales, más o menos, retratan al medio ambiente en que se desenvuelven y el personaje en cuestión.
Como consecuencia de lo anterior, es de imaginarse que los líderes de la payasada, tienen los apodos más sonoros, un poco por aquello de los jala bolas y porque la historia ha documentado los fieros combates en que ellos participaron, repeliendo las temibles fuerzas de los vigilantes del canal 8, los conserjes de los edificios aledaños a Miraflores y sobre todo, por la épica batalla que sostuvieron para tomar esa conocida fortaleza inexpugnable, como lo es la residencia presidencial “La Casona”, que en ese momento estaba defendida, nada más y nada menos, por la Generala, y guerrera asimétrica de mil batallas, Blanca de Pérez.
No es gratis que esa, militarmente hablando, espectacular batalla, sea utilizada por el ejército Israelí como el modelo cibernético de estrategia militar, con el cual hacen sus juegos de guerra los generales del estado mayor conjunto.
Así entonces, supone uno, que el líder máximo y descendiente directo de Bolívar y Sun Tzu, debería ser conocido por un apodo así como: el “Atila de Sabaneta”, el “Destructor de Escuálidos”, el “Zorro de los Llanos” o tal vez como “Mad-Dog Hugo”. Pero no. No, no, no, no. Nada de eso. El ungido, el salvador del planeta, el más de los más, la pesadilla de Bush, su alteza suprema es conocida, y se autodenomina “Tribilín” (1). Sí, “Tribilín”, el personaje de Walt Disney. “Goofy” pues, para los gringos
He aquí pues, una muestra más del profundo odio y desprecio para con el imperio y lo tremendamente endógena que es esta revolución.
(1) Ver:
http://www.nodo50.org/plataformabolivariana/disc-20070108cha.htm